La diáspora no es visita, es parte de la casa

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New York

POR JHONNY TRINIDAD

Cuando un dominicano cruza el Atlántico o el Canal de la Mona, no está dejando la casa. Está extendiendo la casa. La diáspora no es un anexo ni un pariente lejano que llega en diciembre con maletas llenas de regalos. Es una habitación más de esta familia llamada República Dominicana. Y ya es hora de tratarla como tal.

En 2025 la diáspora envió más de 10,000 millones de dólares en remesas. Eso es el doble del turismo, el triple de la zona franca. Son los que pagan la medicina de la abuela, la universidad del sobrino y el block para levantar la segunda planta. Cuando la pandemia cerró hoteles y aeropuertos, fueron las remesas las que mantuvieron encendida la luz del colmado. Si eso no es ser parte de la casa, ¿qué es?

LA CULTURA VIAJA EN SU MALETA

El merengue no se globalizó desde una oficina de turismo. Se globalizó desde el Bronx, desde Lawrence, desde Madrid. La bachata entró a Billboard porque la cantaron los hijos de los que se fueron. El mangú del domingo en Boston sabe igual que en San Juan de la Maguana porque quien lo cocina aprendió de su mamá, no de YouTube. La diáspora no “consume” dominicanidad. La produce, la actualiza y la exporta.

LA POLITICA TAMBIEN ES SUYA

AUTOR: Jhonny Trinidad – Periodista

Durante años les pedimos que invirtieran, que mandaran, que promovieran el país, pero a la hora de decidir les cerramos la puerta. Votar fue una odisea. Representación real en el Congreso, mínima. Eso es tratar al dueño de la casa como visita.

Si el 15% de los dominicanos vive fuera y sostiene al 40% de los que viven dentro, su voz no puede ser un favor. Tiene que ser un derecho garantizado, con curules proporcionales y políticas que no se redacten pensando solo en el kilómetro cero del Distrito Nacional.

DEJAR EL «VEN-VISITA» Y PASAR AL «QUE NECESITAS» 

Tratarlos como parte de la casa significa cambiar el guion. No es solo “Ven a invertir en Semana Santa”. Es “¿Qué trabas te quito para que abras tu empresa aquí sin tener que venir?”. Es ventanilla única digital, es eliminar el impuesto abusivo a los pasajes, es repatriación de cadáveres sin burocracia, es convalidación de títulos en 30 días, no en tres años. Es entender que el dominicano de New Jersey no quiere un acto en su honor. Quiere que su madre no haga seis horas de fila para renovar la cédula.

DOS DIRECCIONES

La República Dominicana que compite en 2030 no es la isla de 48,000 kilómetros cuadrados. Es la nación de 14 millones de personas: 11 aquí y 3 fuera, conectadas por vuelos diarios, por Zoom, por consorcios, por apellidos.

Silicon Valley tiene programadores de Moca. Wall Street tiene banqueros de Villa Mella. Los hospitales de Madrid tienen enfermeras de San Cristóbal. Esa es nuestra multinacional. Y toda multinacional cuida a su gente.

La diáspora no toca la puerta. Tiene llave. Abrió esa puerta cuando se fue con una deuda en el bolsillo y la promesa de “yo mando”. La ha mantenido abierta con sacrificio, con nostalgia y con dólares contantes.

Dejar de decirle “visita” no es poesía. Es política pública, es reforma institucional y es justicia. Porque una casa dividida entre los que están y los que se fueron, se cae. Una casa que entiende que los que se fueron también se quedaron, se levanta.

La diáspora no viene a vernos. Vive aquí. Solo que duerme en otro cuarto.