POR MIGUEL ESPAILLAT GRULLON
1 – Platón, en su obra “La República”, planteó que los gobernantes debían ser filósofos. Su propuesta la argumentó aseverando que los males de la humanidad solo terminarían cuando los filósofos llegaran a reyes, o los reyes se volvieran verdaderos filósofos; es decir, cuando el poder estuviera en manos de hombres sabios, sin ambiciones desmedidas de fama, poder y dinero; y que no fueran esclavos de la concupiscencia.
2 – Platón creía que estos hombres sabios están capacitados moral e intelectualmente para gobernar porque aman el saber y la educación: moralmente, porque su amor por la verdad y el conocimiento es inherente a su naturaleza, lo que los libera de la codicia y la lujuria que tientan a otros al alcanzar el poder; e intelectualmente, porque son los únicos que han alcanzado el conocimiento de la verdad y la justicia, por lo que está en la naturaleza de ellos discernir lo justo de lo injusto, de actuar con sabiduría para tomar decisiones justas y guiar al Estado hacia el conocimiento de las formas de la virtud, la justicia social, la belleza y, sobre todo, hacia el bien común. Estas características, según Platón, les permiten a los filósofos gobernar por el bienestar de la sociedad en su conjunto.
3 – En esta visión de Platón ha de entenderse que la fama, el dinero, el poder absoluto, el vino, las mujeres, los lujos, etc., corrompen al hombre común, mas no así a los filósofos porque ellos tienen una moral y un conocimiento que los hace refractarios a las banalidades de este mundo. En consecuencia, mientras no gobiernen los filósofos, es decir, las inteligencias más preclaras y honestas de una nación, la corrupción será rampante, y las ciudades no tendrán descanso de los males, ni tendrán felicidad, ni pública ni privada.
Sobre la política, la justicia social y el bien común
4 – En la política contemporánea, las ciencias sociales y la filosofía política, la justicia social se refiere al trato justo y a la igualdad de todos los individuos y grupos sociales dentro de un estado o sociedad. Son sus estructuras, las instituciones, las leyes políticas, sociales y económicas que, en conjunto, garantizan la equidad. Estas ideas comúnmente las observan partidos y movimientos que buscan justicia social, equidad, inclusión, autodeterminación u otros objetivos para poblaciones oprimidas, explotadas o marginadas.
5 – Por tanto, la justicia social equivalente a la justicia distributiva o como parte constitutiva de ella; es decir, la distribución justa y equitativa de los beneficios y las cargas sociales, políticas y económicas. También, la justicia social abarca la igualdad de oportunidades para contribuir al bien común mediante la participación equitativa de todos los individuos y grupos en todas las principales instituciones sociales, políticas y económicas de una nación que conviven mediante un contrato social.
¿En qué consiste el contrato social del que hablamos?
6 – Ahora bien, como muchos de mis lectores no conocen el concepto del contrato social al que aludo. Para facilitar la mejor comprensión de este texto, transcribo uno de los muchos significados que se encuentra en cientos de publicaciones en las redes.
7 – En las ciencias sociales, se denomina “contrato social” a una teoría política que explica el origen y propósito del Estado. Se trata de un concepto que busca explicar la legitimidad del poder político y la formación de la sociedad. En sus versiones más conocidas, el contrato social se entiende como un acuerdo entre los individuos para crear una autoridad política que regula la convivencia en comunidad.
8 – La idea del contrato social, concebida para la justicia social y el bien común, fue desarrollada por varios filósofos: Sócrates, Platón, Aristóteles, Jesucristo, Santo Tomás de Aquino, Thomas Hobbes, John Locke, Jean-Jacques Rousseau, John Stuart Mill, Henry Sidgwick, Jeremy Bentham, John Rawls (estadounidense), Friedrich Engels, Carlos Marx, etc. De este grupo, los más influyentes fueron Thomas Hobbes, con su obra “Leviatán (1651)”. John Locke con “Segundo tratado sobre el gobierno civil (1689)” y Jean-Jacques Rousseau, quien reformuló y popularizó el concepto de contrato social en su obra “El contrato social (1762)”. En este contrato, Rousseau le dio un sentido primario a la soberanía popular y al bien común. No obstante, de todos ellos Jesucristo fue y sigue siendo el mayor exponente del contrato social referido.
La política entendida como el arte de gobernar a una nación o a un Estado
-
La política es el arte o ciencia de gobernar y administrar con eficiencia una comunidad, un pueblo, una nación, un país… Su primer y principal objetivo es tomar decisiones que beneficien la vida de todos los ciudadanos. Ser político no solo implica tener un cargo, sino también una responsabilidad absoluta en el bienestar y la felicidad colectiva. En consecuencia, la política, como el arte de gobernar, busca el bienestar general, la felicidad de los gobernados, la paz social y el orden del Estado mediante el buen uso del poder; ello implica tomar decisiones sin violencia para cuidar el territorio y la población; llegar a acuerdos y unir a grupos con ideas diferentes; escuchar a la gente; gobernar con el permiso y apoyo del pueblo, y no por la fuerza; actuar con ética; servir al país con honradez en vez de buscar el beneficio propio; enfrentar los cambios difíciles con sabiduría y sentido común. A la política de gobernar a un país se le llama «arte» porque requiere talento práctico, diálogo y equilibrio frente a los problemas humanos, más allá de las leyes y de simples y complejas reglas parlamentarias.













