POR JHONNY TRINIDAD
Hay frases que duelen porque son verdad. Y en la diáspora dominicana hay una que retumba cada vez que se anuncia un nuevo cónsul en Nueva York: nos merecemos un buen cónsul, no un «cohete explotao».
Lo decimos sin rodeos, porque ya estamos cansados. Cansados de que el Consulado Dominicano en Nueva York, el más importante del mundo para nuestro país, sea tratado como un premio de consolación, como un zafacón político donde se reciclan figuras quemadas, fracasadas y sin conexión real con esta comunidad.
La diáspora dominicana en Estados Unidos no es cualquier cosa. Somos más de dos millones de dominicanos que nos levantamos a las 4:00 de la mañana a coger tren, a limpiar edificios, a cuidar niños, a manejar taxis, a operar bodegas, a sostener hospitales y escuelas con nuestro trabajo. Somos los que enviamos más de 10 mil millones de dólares en remesas cada año para que el país no colapse. Somos los que votamos, los que marchamos, los que defendemos la dominicanidad con orgullo en tierras ajenas.
¿Y qué recibimos a cambio? Muchas veces, desprecio disfrazado de nombramiento.














