«LOS PACIENTES SOMOS UN CERO A LA IZQUIERDA»
Minorías cuestionan el SFS porque garantiza derechos, eleva el poder de decisión de los afiliados, condiciona el pago a los médicos según la prestación de los servicios e impide los fraudes contra la salud de las familias más pobres y vulnerables
La férrea oposición a las reformas del sistema de salud que dispone la Ley 87-01 expresa la lucha de poder subyacente en la relación médico-paciente. Se trata del control de un gasto nacional en salud este año estimado en 500,000 millones de pesos.
El poder sobre estos recursos no depende de quién los financia, sino de quién los paga. Cuando el pagador es el Estado el poder se desplaza fuera del consultorio degradando el trato y la calidad del servicio porque ahora el ingreso del médico no depende del paciente.
Los “pacientes directos” tienen poder porque escogen y le pagan a un médico inducido a mejorar la atención. En cambio, en los hospitales públicos (MISPAS y/o IDSS) es relegado a un tercer plano porque el médico recibe un salario fijo y ahora su lealtad es al político que lo nombra y al CMD que lo protege.
Con el auge de la medicina pública centralizada, verticalizada y clientelista la asimetría en la relación médico-paciente se consolidó notablemente, reduciendo al afiliado a una tercera categoría. Como decía mi abuela, “en los hospitales públicos los pacientes somos un cero a la izquierda”.
En nuestro país, esta asimetría médico-paciente resulta superlativa porque el CMD opera como un sindicado por encima de la ley, imponiéndole al Estado sus intereses mediante paros y huelgas. Además, bloqueando todas las reformas del sistema de salud orientadas a otorgar poder al afiliado para que deje de ser “un cero a la izquierda”.
El SFS redujo esta desbordante asimetría estableciendo: 1) ARS y PSS públicas y privadas; 2) la libre elección de los afiliados; 3) la facultad de las ARS de autorizar los servicios; 4) la firma del paciente para autorizar el pago a los médicos y centros de salud; 5) la administración del riesgo contra fraudes y prescripciones innecesarias y costosas; y 6) la atención primaria de salud como la puerta de entrada a la red de salud.
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El afiliado entra al consultorio con mayor autoridad y seguridad porque tiene el poder de asignar los recursos y cuenta con la DIDA para reclamar sus derechos













