El testimonio de un genio empírico: Ñico Lora y la historia del merengue típico
POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO
Hace unos días elucubrando en una de nuestras hemerotecas logramos encontrar un interesante diálogo que sostuviera con la redacción del periódico La Información de Santiago de los Caballeros, en julio de 1947, el inmortal merenguero cibaeño, Francisco Lora Cabrera –Ñico–, a raíz de ser escogido por la Sociedad Folclórica Dominicana para rendirle un merecido homenaje por su valiosa contribución a la música dominicana.
Se trata de un documento que tanto por las informaciones que suministra sobre la vida artística del virtuoso acordeonista, hijo del municipio de Esperanza, como por los aportes que ofrece para el análisis histórico del merengue, confiamos en que, actualmente, tiene valor compartirlo con quienes participan en el proceso de definición y proyección de la identidad cultural dominicana.
Para entonces, Ñico Lora tenía unos 72 años de edad y residía en un modesto bohío de piso de tierra, setos de tablas de palma y techo de cana.
Mantenía su jovialidad, era expansivo, nervioso, con apenas unas 100 libras y una estatura no mayor a los 5 pies.
Sus ojos inquietos, ofertaban una mirada penetrante y se expresaba con la misma que el acordeón hablaba en sus manos.














