Los políticos dominicanos y sus allantes

0
51

Por JHONNY TRINIDAD

En República Dominicana hay algo que se hereda, se practica y se perfecciona en campaña: el “allante”. Ese discurso inflado, la promesa grandilocuente, la foto con la pala de oro, el letrero 3 metros más alto que la obra. El allante es parte del ADN político criollo. Y el problema no es que exista. El problema es que a veces tapa la obra.

El político dominicano aprendió hace décadas que aquí la gente no vota solo por lo que haces. Vota por lo que ve que haces. Por eso el allante funciona.

Inaugurar una escuela con banda, merengue y 4 funcionarios cortando cinta da más votos que abrirla en silencio y sin foto. Anunciar “la circunvalación más moderna del Caribe” genera más titulares que decir “vamos a asfaltar 3 kilómetros”.

El allante es marketing. Y como todo marketing, vende percepción. En un país donde la memoria es corta y el WhatsApp es rápido, el que grita más duro gana el ciclo de noticias de hoy.

DE BALAGUER A LA ERA TIKTOK

Antes el allante era el discurso de 3 horas en el parque, el blockbuster en VHS, la valla en la autopista. Hoy es el reel, el TikTok bailando dembow, el “live” desde la inauguración con filtro.

Cambió la plataforma, no la lógica. Sigue siendo show. Sigue siendo “mírenme que estoy trabajando”. La diferencia es que ahora el allante llega directo al celular, sin filtro de periódico. Y como en redes todo se mide en likes, el político compite por el allante más viral, no por el más útil.

COSTO DEL ALLANTE PERMANENTE 

AUTOR: Jhonny Trinidad – Periodista

El allante no es malo per se. Todo líder necesita comunicar. El problema llega cuando el allante sustituye a la gestión.

Cuando se anuncia la misma obra 3 veces: en maqueta, en primer picazo y en inauguración parcial. Cuando se pinta un puente y se llama “transformación urbana”. Cuando se promete “acabar con la delincuencia en 6 meses” sabiendo que eso no depende solo de un gobierno.

EL COSTO ES TRIPLE:

1. Desgaste ciudadano: La gente se cansa. Al tercer “proyecto histórico” que no ve, apaga el discurso.

2. Falsa expectativa: Prometer de más crea frustración. Y la frustración vota castigo en la próxima elección.

3. Poca rendición: El allante enfoca en el anuncio, no en el dato. Se habla de “inversión millonaria” pero se oculta el plazo, el mantenimiento y el impacto real.

LA GENTE YA NO COMPRA TODO EL ALLANTE 

Algo cambió en los últimos 10 años. El dominicano de a pie tiene Google en el bolsillo. Si el político dice “construimos 100 escuelas”, el ciudadano busca en 10 segundos si es verdad, cuántas se cayeron, cuántas no tienen butacas.

Las redes desinflan allantes rápido. Un video de un hospital inaugurado que sigue cerrado le gana al discurso oficial. Un grupo de WhatsApp del barrio desmiente más rápido que una rueda de prensa.

El ciudadano no quiere que le mientan, pero tampoco quiere que lo traten como si no entendiera. Quiere menos “vamos a revolucionar” y más “esto hicimos, esto falta, esto costó X”.

¿SE PUEDE GOBERNAR SIN ALLANTAR?

Difícil. La política es comunicación. Y la comunicación sin emoción no conecta. Un político que solo da datos fríos pierde.

Pero hay un punto medio: el allante con sustancia. El que anuncia, sí, pero después muestra el antes y después. El que promete, pero pone fecha. El que se tira la foto, pero también publica la auditoría.

Los países que mejor gestionan no eliminan el show. Lo balancean. Inauguran, claro. Pero después rinden cuentas. Hablan de logros, pero también de problemas pendientes. Eso genera confianza. Y la confianza dura más que el aplauso del día del corte de cinta.

MENOS HUMO, MAS MAPA 

Al político dominicano le conviene entender esto: el allante abre la puerta, pero la obra es la que te deja entrar a la historia.

La gente ya no vota por el discurso más bonito. Vota por el que le resolvió el agua, el tránsito, la luz. Y si para llegar a eso hay que hacer un allante, que se haga. Pero que después venga el mapa: cuánto se invirtió, en qué tiempo, y qué cambió en la vida real.

Porque al final, los allantes se olvidan. Las obras, si funcionan, se usan todos los días. Y el político que entienda que su legado no es el video viral del picazo, sino el puente que la gente cruza sin pensar en él, ese es el que deja de hacer allantes… y empieza a hacer país.