POR JHONNY TRINIDAD
Cada vez que un gobierno dominicano quiere tomarse una foto bonita, mira hacia la diáspora. Nos ponen de decorado.
Nos llaman «la octava provincia», «el motor de la economía», «los embajadores de la patria». Nos llenan la boca de adjetivos en cada discurso del 27 de Febrero, en cada visita a Nueva York, en cada desayuno con líderes comunitarios en Madrid. Pero cuando se apaga el flash, el decorado se recoge y se guarda hasta el próximo evento.
EL AMOR DE LEJOS
La relación del Estado dominicano con su diáspora es una relación de amor interesado. Le interesa la remesa, que ya supera los 10 mil millones de dólares al año y sostiene a medio país. Le interesa el voto en el exterior, que puede decidir una elección cerrada. Le interesa la bulla, la caravana, la bandera gigante en el Alto Manhattan.
Lo que no le interesa es lo que la diáspora necesita de verdad.














