A propósito de una entrevista realizada hace varias décadas
POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO
Consecuencia de los diversos comentarios suscitados luego del espectáculo-homenaje «Héctor: Que todos te conozcan y todos te quieran» -realizado hace varias décadas- y de la necesidad de tratar de aportar en la construcción de la verdad histórica, nos propusimos sostener un encuentro con doña Mercedes Laura Pérez Vda. Díaz –Doña Tita–, mujer con quien el bardo y juglar Héctor J. Díaz compartió sus últimos años de existencia.
El diálogo se inicia en la sala de una modesta vivienda donde cada elemento material emana las gratas vivencias de un ayer imborrable y romántico, no obstante, actualmente existe el dominio de un ambiente preñado de múltiples necesidades.
Nuestra primera inquietud, –al parecer ingenua–, se redujo a conocer si en realidad el poeta Héctor J. Díaz fue un auténtico bohemio.

Recuerdo haber visto a la amable viuda Díaz cuando con su paciencia característica, apoyándose al espaldar de su fiel compañera mecedora, dejó escapar, espontáneamente, su parecer:
«Él, Héctor, fue un bohemio que no anduvo descalzo… ni borracho en las esquinas se cayó… no, nunca anduvo sin saco… siempre dentro de la pobreza y la miseria… vestido y calzado… con su sombrero que no lo dejaba… su pelo… Nunca fue un hombre de problemas… de escándalos».
Además, «…a pesar de sus bohemias, a pesar de los pesares siempre respetó el hogar. Vino acompañado de sus mejores amigos, que también me respetaron…»
Cuestionada sobre la vida política del inmortal bardo y locutor dominicano, Doña Tita se resiste con coraje a aceptar la afirmación de que realmente fuera un convencido trujillista, tal como en la actualidad se ha expresado.
En ese tenor, su respuesta-queja no se deja esperar:
«Ayyyy, ayyyy, noooo, nada de eso… este no, nada de eso, nada, nada, nunca en la vida… él si fue un empleado de Petán, porque le gustaba y porque le pagaba bien… eso era su seducción. Si bien él, Héctor, escribió algunas cosas para los Trujillo, era porque se le pagaba. En algunas ocasiones me manifestó lo malo que era escribir lo que no se siente. ¿Además, hay que tomar en cuenta en qué momento y bajo qué ambiente o circunstancia se vivía y escribía… es posible que bajo los tragos o porque necesitaba dinero… pero trujillista? ¡¡Eso sí que noooo…!!»
No creyendo convencernos con lo expresado, Doña Mercedes Laura Pérez Vda. Díaz, con su fluidez verbal y mental, –pese a tener más de nueve décadas de vida–, evocaba:
«El, Héctor, era como enemigo de… de la situación… tan pronto pasó lo del pasillo y otras cosas que él vio que pasaron…»
Al hablar sobre «lo del pasillo», nuestra entrevistada recordaba el imborrable y lamentable incidente que el popular artista latinoamericano tuvo con José Arismendy Trujillo –Petán–, mientras laboraba en el ayer Palacio de La Voz Dominicana, hoy, Corporación Estatal de Radio y Televisión –CERTV-.
«Héctor –manifiesta Doña Tita con mucho pesar– tenía que pasar a la cabina de radio, a transmitir un mensaje… y había que cruzar un pasillo para llegar allá. En ese pasillo estaba Petán sentado con los pies tendidos hacia delante… impedía el paso… acostado así… con los pies en el otro lado del pasillo. Héctor tenía que pasar o por encima de él –Petán– o pedirle permiso. Y Héctor dijo para sí mismo, no pido permiso. Dijo, paso y pasó… y Petán se levantó, despertó y hizo así… (Doña Tita gesticula y levanta uno de sus hombros) … Se puso la mano en la cintura, como quien iba a sacar un arma de fuego. Héctor se volteó y le expresó que no era hombre de esos que morían asesinados por la espalda… se puso tan grande como Petán… luego, dio una vuelta y se fue de la emisora».














