POR JHONNY TRINIDAD
Esa es la realidad que vive hoy República Dominicana y que nadie quiere decir con todas sus letras. Cuando ambos están en territorio dominicano, el haitiano ilegal tiene más derechos efectivos, más protección y más facilidades que el dominicano que vive en el exterior y regresa a su propia patria.
Parece una exageración. No lo es. Es lo que se ve todos los días.
EL MISMO TERRITORIO, DOS VARAS DISTINTAS
Pongamos los dos casos en el mismo lugar: República Dominicana.
Llega el haitiano ilegal. Cruzó por la frontera, sin documentos, sin visa, sin pasar por ningún control. Una vez aquí, el sistema entero se adapta a él. Si se enferma, va al hospital público y lo atienden gratis, sin cédula, sin seguro, sin que nadie le pregunte su estatus. Si su mujer va a parir, pare gratis, aunque la maternidad esté llena. Si tiene hijos, los inscribe en la escuela pública, aunque no tengan papeles dominicanos. Si lo detiene Migración, a las dos horas aparece una ONG, un defensor de derechos humanos, una llamada de la ONU diciendo que no se puede deportar. Si ocupa un terreno en una cañada, nadie lo saca por miedo a que salga en un informe internacional. El haitiano ilegal, estando ilegal, tiene garantizado en República Dominicana salud, educación, permanencia y defensa legal gratuita.
Ahora pongamos en el mismo territorio, en la misma fila, en la misma institución, al dominicano que vive en el exterior. El que vive en Nueva York, en Madrid, en New Jersey, y vino de vacaciones o vino a quedarse unos meses, o vino a retirarse a su país después de 20 años fajado afuera.














