POR JHONNY TRINIDAD
La diáspora dominicana en Nueva York llena teatros, vende libros, monta exposiciones y mantiene viva la cultura criolla 365 días al año. Lo hacemos con remesas, con sudor y con amor. Gratis.
Entonces duele que la Dirección Dominicana de Cultura en Nueva York, que debería ser nuestra casa, funcione como oficina de trámite. Fría, lenta, desconectada. Y sí, hay que decirlo: el problema no es la cultura. Es el incumbente.
CULTURA DE SELFIE, NO DE GESTION
Un director de cultura no está para fotos en inauguraciones. Está para abrir puertas a artistas, gestionar fondos, conectar con universidades, museos y con los dos millones de dominicanos aquí. Hoy vemos más publicaciones que proyectos. Más discurso que resultados. Más “yo estuve” que “esto logramos”.
Los pintores, escritores, músicos y teatreros de Nueva York tocan puertas y reciben excusas. Para pedir un espacio hay que pasar tres filtros y seis meses. Para traer un artista de República Dominicana se cae el evento por “falta de logística”. Mientras tanto, otras comunidades tienen casas culturales llenas todos los fines de semana. La mediocridad se nota cuando comparas.














