SANTO DOMINGO ESTE, RD.-El paso del ciclón San Zenón, el 3 de septiembre de 1930, dejó una profunda huella de destrucción en Santo Domingo.
El puerto y otras instalaciones cercanas al río Ozama sufrieron graves daños, mientras la ciudad quedó prácticamente devastada por uno de los fenómenos atmosféricos más destructivos de su historia.
A partir de aquella tragedia surgió la necesidad de reconstruir y modernizar las instalaciones portuarias de la capital.
En los años posteriores a San Zenón, comenzó a tomar fuerza la idea de convertir la desembocadura del Ozama en un verdadero puerto capaz de recibir barcos de mayor calado.
Durante el gobierno de Rafael Leónidas Trujillo se impulsó ese proyecto, que terminaría transformando completamente el paisaje de la zona oriental y occidental de la desembocadura del río.
El contrato con el constructor puertorriqueño Félix Manuel Benítez Rexach fue firmado el 8 de marzo de 1935.
La historia cuenta que anteriormente se habían estudiado las posibilidades de construir obras de protección marítima en la desembocadura del Ozama.
Una referencia histórica señala que durante el gobierno de Horacio Vásquez se consultó al gobierno francés y que el ingeniero enviado consideró que determinadas soluciones no eran viables.
Sin embargo, Félix Benítez Rexach aceptó el desafío y planteó una solución de ingeniería que permitió llevar adelante una de las obras marítimas más importantes de aquella época.
Benítez Rexach no era un improvisado. Era un constructor e ingeniero puertorriqueño con experiencia en grandes obras marítimas y portuarias.
El proyecto dominicano contempló mucho más que un simple rompeolas: incluía muelles, depósitos, dragado del río Ozama, un canal de entrada y otras estructuras destinadas a convertir el antiguo embarcadero en un puerto moderno.
El presupuesto contratado alcanzó los 2.5 millones de pesos.
La magnitud del proyecto puede comprenderse al conocer sus dimensiones.
El plan contemplaba un rompeolas de aproximadamente 1,900 pies de longitud, un malecón de hormigón de unos 3,100 pies, un gran tinglado de acero y el dragado del puerto para alcanzar una profundidad que permitiera la entrada de barcos de gran calado.
Aquello significaba modificar físicamente la desembocadura del Ozama y ganar espacios al mar.
La construcción del rompeolas produjo además un fenómeno que cambiaría para siempre el paisaje de la desembocadura: la formación de terrenos y una playa artificial en la zona oriental.
Ese espacio fue conocido como Sans Souci y se convirtió en uno de los lugares vinculados a la nueva infraestructura portuaria.
Fuentes históricas describen incluso la formación de otra pequeña playa artificial en el lado occidental.
En ese nuevo espacio se levantó una residencia de recreo asociada a Félix Benítez Rexach y posteriormente vinculada al uso de Rafael Trujillo.
El lugar adquirió importancia dentro de la vida social del régimen, pues allí se realizaban encuentros y recepciones para funcionarios, miembros de las Fuerzas Armadas y visitantes extranjeros.
De esta manera, aquella obra de ingeniería terminó convirtiéndose también en un escenario de la vida política y social de la época.
La construcción del puerto y del rompeolas también significó una profunda transformación del paisaje que existía antes de la obra.
Sectores costeros como la Punta de la Plataforma, Las Pozas y la Cueva de las Golondrinas quedaron afectados o desaparecieron bajo toneladas de concreto, tierra, piedras y arena utilizadas para ganar terreno y proteger la entrada del nuevo puerto.
Aunque algunas referencias populares sitúan la inauguración del rompeolas el 2 de junio de 1937, las fuentes consultadas distinguen entre la construcción y puesta en funcionamiento de partes del proyecto y la inauguración formal del nuevo puerto.
El puerto comenzó a utilizarse antes de su inauguración oficial, y la inauguración formal de las obras portuarias se realizó el 15 de agosto de 1938, con la llegada del buque Borinquén.
Así, la historia del rompeolas del Ozama es también la historia de una transformación monumental de Santo Domingo.
Después de la destrucción provocada por San Zenón, una combinación de ambición política, ingeniería y enormes trabajos de dragado y construcción modificó la desembocadura del río y permitió crear un puerto moderno para su tiempo.
Félix Benítez Rexach quedó ligado a esa transformación, mientras Sans Souci se convirtió en uno de los espacios más particulares surgidos de aquella gigantesca obra que cambió para siempre la relación de Santo Domingo con el río Ozama y el mar Caribe.