La Vega: Cultura que vive entre las paredes de sus ruinas
LA VEGA, RD.- Hay ciudades que llevan su historia en el nombre y otras que se ganan el apodo a pulso.
La Vega es de esas que lo merecen. No es casualidad que se le conozca como la «Ciudad Culta» . Este calificativo no nació de la vanidad, sino del esfuerzo tangible de un grupo de ciudadanos que, en medio de la desolación, decidieron que el camino hacia adelante no era el fusil sino el libro.
Para entender lo que significó la creación de la Sociedad La Progresista, hay que mirar primero el escenario.
Corría el año 1878 y el país se desangraba en guerras intestinas que parecían no tener fin. «El abatimiento colectivo ocasionado por las ruinas, desolación, miseria y el continuo y sin sentido derramamiento de sangre, se extendía lúgubremente por un país donde el caudillismo político imponía sus macabros designios mediante el fusil y la sangre».
La Vega no era ajena a esta realidad; había sido testigo y víctima de esos enfrentamientos.
Sin embargo, la ciudad también era un semillero de inquietudes. Ya para entonces, La Vega contaba con una tradición intelectual que había ido madurando.
Los intelectuales se reunían bajo los árboles del Parque Duarte para discutir de literatura, historia y economía, como solía hacerlo Federico García Godoy con otros pensadores de la época .
Había un espíritu latente que solo necesitaba un cauce para florecer. Ese cauce llegó el 1 de septiembre de 1878 con la fundación de la Sociedad La Progresista.
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Nace una idea: cambiar la sangre por tinta
«Los veganos habían decidido cambiar el fusil por la pluma y la tinta por la sangre» . Esta frase no es un juego de palabras bonito. Es la esencia de un acto de rebeldía civil en un contexto donde la violencia parecía la única respuesta posible.
La iniciativa partió del abogado y periodista Pedro A. Bobea Castro, quien logró reunir a un grupo de connotados ciudadanos con una visión común . La primera directiva quedó conformada por:
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Pedro A. Bobea Castro, como presidente fundador
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Lorenzo R. Gómez, como tesorero
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Ramón E. Espínola, como censor
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Felipe A. Cartagena, como secretario
La motivación que les llevó a fundar la sociedad quedó plasmada en sus propias palabras, al hacer «una exhortación a fin de ‘fundar una sociedad que levante el abatido espíritu público, teatro de sangrientos sucesos, qué para siempre nos han dejado por espejo, desolación y miseria; recuerdos ingratos que indelebles se han grabado en nuestra memoria'» .
El objetivo era claro: «facilitar la difusión cultural, artística, filantrópica y humanística, logrando que el conocimiento constituyera un bien común para todos los dominicanos».
La Sociedad, además, tenía un fuerte componente patriótico, ya que «casi todos los fundadores eran masónicos, al igual que Juan Pablo Duarte y los trinitarios» .
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Los primeros pasos: una escuela y un sueño
La Sociedad no esperó. Apenas diez días después de su fundación, abrieron la primera escuela nocturna en La Vega.
El profesorado «estaba constituido por sus miembros, quienes servían de manera alternada y gratuita.
Entendían que era a través de la educación y la cultura como podría irse conformando una nueva sociedad» .
Este primer acto fue el comienzo de una cascada de iniciativas que transformarían la ciudad. Antes de que terminara el siglo, La Progresista ya había provisto a la comunidad con:
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Una biblioteca pública
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Una academia musical
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Una banda de música
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Una escuela para obreros y otra para señoritas
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El reloj para la iglesia parroquial
En 1898, la Sociedad patrocinó conjuntamente con el Ayuntamiento un censo poblacional, demostrando una visión moderna y metódica para conocer la realidad sobre la cual querían actuar .
El impacto fue tal que, para finales del siglo XIX, La Vega —que contaba con solo 3,406 habitantes— poseía catorce escuelas, una academia de música, cinco imprentas donde se editaban cuatro periódicos, y ocho sociedades de diversa índole, de las cuales cuatro eran de carácter instructivo y literario.
La ciudad respiraba un ambiente cultural que no tenía parangón en el resto del país.
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El teatro: el sueño hecho paredes y escenario
Si la fundación de la Sociedad fue un acto de fe en el futuro, la construcción del Teatro La Progresista fue la coronación de ese sueño.
El 15 de agosto de 1910 se inauguró el que sería el primer teatro de su clase en la República Dominicana .
El diseño y la construcción estuvieron a cargo del ingeniero Zoilo Hermógenes García, y su configuración respondió al diseño del «Teatro de la Comedia» o «La Ópera Chica de París» . No era un edificio cualquiera; era una declaración de intenciones.
La Vega no solo quería ser culta, quería ser civilizada a la manera de las grandes capitales del mundo.
La construcción fue un esfuerzo colectivo que refleja cómo la Sociedad movilizó a la comunidad. El telón de boca fue donado y traído desde Francia por Silvestre Guzmán, padre del futuro presidente Antonio Guzmán.
El maestro de obras de albañilería fue José Bosch Subirats, padre del también futuro presidente Juan Bosch.
Los aspectos decorativos estuvieron a cargo del profesor Manuel Puello y la carpintería fue encargada al maestro José Mella .
La inauguración fue un acontecimiento de primer orden. La compañía española Reyes Soler presentó el drama La Muerte Civil y la zarzuela La Viejecita .
La Vega se convertía en el centro cultural del Cibao, atrayendo a compañías de teatro, zarzuela y ópera que llegaban desde Europa y que «atravesaron las selvas húmedas del corazón del Cibao a bordo del ferrocarril que cruzaba ciénegas y cacaotales para enfrentarse con un público culto y educado, amante de las bellas artes que se movilizaba de todas partes del Cibao a presenciar sus actuaciones» .
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Un legado que trasciende el tiempo
El Teatro La Progresista fue mucho más que un edificio. Fue el escenario donde se forjó la identidad cultural de toda una región. Allí se presentaron obras como La Carcajada, Tierra Baja, La Tosca y zarzuelas como El Rey que Rabió y La Gatita Blanca .
La biblioteca, que funcionaba de manera ininterrumpida, se convirtió en el refugio intelectual de estudiantes y escritores como Federico García Godoy, Fabio Fiallo y el joven Juan Bosch .
La Sociedad también fue pionera en el ámbito cinematográfico, presentando en 1911 el sistema Pathe y, en 1929, el cine parlante, lo que añadió al teatro la función de cine.
Su actividad fue tan intensa que en 1915 y 1924 coauspició los primeros Juegos Florales, donde ganaron la Flor Natural poetas como Ramón Emilio Jiménez y donde un joven Joaquín Balaguer recibió un premio extraordinario .
Con el tiempo, el edificio sufrió un deterioro progresivo. En el 2004, un grupo de jóvenes intelectuales veganos decidió hacerse cargo de la centenaria institución para propiciar su rescate.
Hoy, la biblioteca y el salón de actos están rehabilitados y en funcionamiento, aunque el emblemático Teatro La Progresista espera aún su restauración completa .
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Conclusión













