POR JHONNY TRINIDAD
Contar lo que pasó es la base. Pero si el periodismo se queda ahí, se vuelve boletín. Y un país no se cambia con boletines. Se cambia cuando alguien entiende el porqué, el cómo y el a quién le conviene que las cosas pasen como pasan.
Periodismo es preguntar lo que el poder no quiere que preguntes. Es revisar el contrato, no solo cubrir la inauguración. Es ir al barrio después que se fueron las cámaras del ministro. Es entender que un muerto en un “intercambio de disparos” no es una nota de dos párrafos. Es una familia, un expediente, un patrón y, muchas veces, una mentira firmada por un vocero.
Hoy cualquiera con un teléfono puede dar una noticia. Un choque en la 27, un fuego en Guachupita, un video del funcionario bailando. Eso sale solo. Llega a X en 30 segundos y a WhatsApp en un minuto. Si el periodismo compite en velocidad con la red, pierde. Porque la red no verifica. La red no contrasta. La red no vuelve al día siguiente a ver qué pasó con la gente del video.














