MOSCÚ.- Los rusos parecen haberse cansado de su presidente, Vladímir Putin. Las encuestas muestran un desplome en su popularidad que no se veía desde la polémica reforma de las pensiones de 2018.
El grave déficit de combustible que sacude a un país conocido como la Gasolinera de Europa, debido a los ataques ucranianos contra las refinerías, ha acabado con la paciencia de los ciudadanos, que encadenan dos años de pandemia y casi cuatro de guerra.
UNA SANGRIA SIN FRENO
Los rusos han aguantado estoicamente la falta de éxitos en el frente, aunque una mayoría aboga por el fin de los combates, pero la guerra ahora llama a sus puertas.
La sangría comenzó en marzo con el bloqueo de internet. La ralentización de las redes sociales y los continuos cortes de la red móvil sacaron de quicio a muchos rusos, incluidos estudiantes, empresarios y militares. El argumento esgrimido, los drones, no convenció a nadie, ya que estos han seguido atacando con éxito la retaguardia rusa.
Ahora, las interminables colas en las gasolineras han convertido la vida de muchos en una pesadilla, lo que tenía que reflejarse en los sondeos, aunque las compañías demoscópicas intentaron revertir la tendencia reduciendo a la mitad las preguntas telefónicas, donde el anonimato hace al encuestado más crítico con el Kremlin.
Según el Fondo de Opinión Pública (FOM), la aprobación de la gestión de Putin ha caído un 5 % en una semana, un desplome sin precedentes desde el inicio de la operación militar especial. Ese indicador se encuentra ahora en el 66 %, cuando en febrero de 2022 era del 64 %. Durante los últimos cuatro años y medio de guerra la aprobación del presidente rondó el 80 %.
El Kremlin no vivía una situación igual desde que Putin aprobó la reforma de pensiones prácticamente a escondidas, coincidiendo con el partido inaugural del Mundial de Rusia 2018. Entonces, su popularidad también pasó en menos de dos meses del 80 % al 62 %, especialmente entre los mayores de 50 años, el granero electoral del Kremlin.
RETORNO AL PASADO
La actual crisis de combustible recuerda a la que vivió el país tras la caída de la Unión Soviética en 1991. Paradójicamente, Putin siempre ha comparado su gestión con la de aquellos años de miseria, en los que la norma era la escasez de productos básicos, incluida la gasolina.
Los propagandistas del Kremlin defienden a Putin con el poco convincente argumento de que «peores tiempos hemos pasado», como cuando había que hacer colas hasta para comprar salchichón.
La realidad es que los ucranianos han logrado golpear nueve de las diez mayores refinerías del país, lo que ha provocado un déficit de más de un 30 % de combustible, según fuentes independientes.
Por ese motivo, las regiones han adoptado medidas anticrisis y el Gobierno central se ha visto obligado a importar gasolina de la vecina Bielorrusia, que vendió a Moscú en junio casi 2,5 veces más combustible que en mayo, un récord histórico desde 1991.
Todo esto también ha golpeado en las encuestas al partido del Kremlin, Rusia Unida, que cuenta con menos del 30 % de apoyo a falta de dos meses para las elecciones legislativas.
CRIMEA, EL MAYOR EXPONENTE DEL FRACASO
Según la prensa, el precio de la gasolina ha subido un 10 % en poco más de un mes y ya ha rebasado los 100 rublos (1,3 dólares) por litro en muchas regiones, marca que superó los 200 rublos (2,6 dólares) en la anexionada península de Crimea, sin duda el mayor exponente del fracaso de la gestión presidencial.
«Crimnash» (Crimea es nuestra) es el neologismo que define la ideología putinista desde 2014. Con todo, la crisis que asola la península, que Kiev quiere convertir en una isla al estilo de Cuba, preocupa mucho a los rusos, antaño dispuestos a aguantar penurias en aras de la grandeza imperial.
Crimea sufre escasez de agua, electricidad, internet y productos básicos. Como consecuencia, algunas empresas han tenido que suspender provisionalmente sus operaciones y decenas de establecimientos han cerrado sus puertas por los apagones que estropean los alimentos en los frigoríficos. También hay escasez de turistas, justo cuando se esperaba alcanzar los siete millones de visitantes. La industria turística da por perdida la temporada de verano.
Los expertos consideran que el problema no es tanto económico como sociopolítico, ya que muestra la incapacidad de Putin de cumplir sus promesas, especialmente la ansiada ‘Victoria’ ante Ucrania y el ‘Occidente Colectivo’, a lo que está supeditado todo lo demás, incluida la vida de los rusos.