Salud mental y accidentes de tránsito: un factor olvidado en la seguridad vial dominicana

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AUTOR: Dr, Ramón Ceballos

POR DOCTOR RAMON CEBALLO

Cada vez que ocurre un accidente de tránsito en la República Dominicana, la atención suele centrarse en el exceso de velocidad, el consumo de alcohol, las imprudencias o el deterioro de las carreteras. Sin embargo, existe un elemento que con frecuencia pasa inadvertido y que merece ocupar un lugar prioritario en las políticas públicas: la salud mental de quienes se encuentran al volante.

Conducir un vehículo exige mucho más que conocimientos sobre las normas de circulación. También requiere concentración, estabilidad emocional, capacidad para tomar decisiones rápidas, control de los impulsos y un adecuado estado físico y psicológico. Cuando alguna de estas capacidades se encuentra alterada, aumenta considerablemente la probabilidad de que ocurra un siniestro.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que diversos trastornos psicológicos y neurológicos pueden comprometer la seguridad vial. Entre ellos figuran la depresión, la ansiedad, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), el trastorno bipolar, las alteraciones del sueño, el consumo problemático de alcohol y otras sustancias, así como determinadas enfermedades neurodegenerativas que afectan la memoria y el juicio.

Uno de los problemas más frecuentes es la privación del sueño. La fatiga disminuye el tiempo de reacción, favorece los llamados «microsueños» y reduce la capacidad para responder ante situaciones inesperadas. Este riesgo adquiere mayor relevancia entre conductores de transporte público, camiones de carga y motociclistas que laboran durante extensas jornadas.

Igualmente preocupante resulta el consumo de bebidas alcohólicas y drogas, debido a que estas modifican la percepción del peligro, alteran la coordinación motora y favorecen conductas impulsivas. Numerosas investigaciones demuestran que quienes conducen bajo estos efectos tienen una probabilidad significativamente mayor de provocar colisiones graves.

Otro aspecto poco discutido corresponde al estrés crónico. La congestión vehicular, las presiones laborales, las dificultades económicas y los conflictos personales pueden desencadenar irritabilidad, agresividad e intolerancia durante la conducción.

La denominada «ira al volante» ha sido relacionada con maniobras temerarias, persecuciones entre vehículos y respuestas violentas que ponen en peligro la vida de todos los usuarios de las vías.

En la República Dominicana aún no existen estadísticas nacionales que permitan determinar cuántos accidentes están asociados directamente con trastornos de salud mental. No obstante, especialistas coinciden en que estos factores constituyen una variable subestimada dentro del análisis de la siniestralidad vial. La ausencia de registros específicos limita el diseño de estrategias preventivas más eficaces.

Frente a esta realidad, resulta indispensable incorporar la evaluación psicológica y psiquiátrica dentro de los programas de prevención dirigidos a conductores profesionales y personas con antecedentes clínicos relevantes. Asimismo, deben fortalecerse las campañas de educación vial, promover la detección temprana de trastornos del sueño y ampliar el acceso a servicios de salud mental.

Reducir los accidentes de tránsito requiere una visión integral que trascienda la infraestructura y la fiscalización. Comprender que el bienestar emocional también influye en la seguridad vial permitirá desarrollar políticas públicas más efectivas y, sobre todo, salvar cientos de vidas cada año.

La prevención comienza no solo con el respeto a las leyes, sino también con el cuidado de la salud mental de quienes comparten diariamente las carreteras dominicanas.