POR RAMON JIMENEZ CANELA
La política exterior de la República Dominicana bajo Luis Abinader ha dejado de ser diplomacia para convertirse en obediencia. Su alineamiento con los intereses geopolíticos de Donald Trump no es estratégico: es un servilismo bochornoso que compromete la soberanía nacional y la memoria histórica de un país que ha sabido defenderse de imperios.
Hoy los titulares lo confirman: Abinader le pone sello dominicano al “Escudo de las Américas”, iniciativa imperial impulsada por Trump. No solo la respalda: la coprotagoniza. Asistió a la cumbre fundacional en Miami en marzo de 2026, donde se firmó una proclamación para crear una “coalición militar regional” contra los cárteles.
En septiembre de 2026 volvió a reunirse con Trump en Nueva York para darle continuidad. No es un foro entre iguales: es un mecanismo para que Washington consolide su control militar sobre el hemisferio, una versión recargada de la Doctrina Monroe que algunos ya llaman “Doctrina Donroe”. Y República Dominicana, otra vez, se presta como plataforma logística.
El servilismo se vuelve más crudo cuando se entrega infraestructura estratégica. En noviembre de 2025, Abinader autorizó que el Comando Sur de Estados Unidos usara áreas restringidas de la Base Aérea de San Isidro y del Aeropuerto Internacional de Las Américas para operaciones logísticas: combustible, equipo y tropas.
El gobierno dice que es “limitado y temporal”, pero la evidencia lo desmiente. El secretario de Defensa Pete Hegseth habló de “ir a la ofensiva” contra los “narcoterroristas”, una operación que ya deja más de 80 muertos en ataques a embarcaciones.
Y el despliegue del Grupo de Ataque del portaaviones USS Nimitz en el Caribe no es precisamente una misión antinarcóticos: es una demostración de fuerza imperial.
La cesión no es un hecho aislado. Abinader también entregó a Estados Unidos la custodia del Puerto de Manzanillo y ha incorporado las fuerzas armadas dominicanas a una coalición militar continental liderada por el Comando Sur. En la práctica, el país se ha convertido en un protectorado administrado desde Washington.
El episodio más grave es la Operación Gideo, que culminó con la captura ilegal del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, en Caracas en enero de 2026.
La operación fue posible, según analistas y sectores políticos dominicanos, gracias a las condiciones creadas por la autorización que Abinader dio a Estados Unidos para usar aeropuertos, espacio aéreo y suelo dominicano.














