POR JHONNY TRINIDAD
Hay un silencio que pesa más que mil gritos. Es el silencio calculado, el silencio cobarde, el silencio que se vende al mejor postor. Cuando un medio de comunicación decide callar frente a la injusticia, frente a la corrupción y frente al abuso, deja de ser medio y se convierte en parte del crimen. Se hace cómplice.
Nos enseñaron que la prensa es el cuarto poder. Pero ningún poder sobrevive sin ejercerlo. Y ejercerlo, en tiempos difíciles, no es publicar la nota rosa, ni el comunicado complaciente, ni la entrevista pactada. Es decir lo que otros quieren ocultar. Si no hace eso, no es prensa. Es un boletín de relaciones públicas.
EL SILENCIO NO ES NEUTRALIDAD, ES UNA TOMA DE PARTIDO
Muchos directores y dueños de medios se escudan en la frase más hipócrita del periodismo: «somos objetivos, por eso no tomamos partido». Falso. Cuando hay un pueblo sufriendo y un poder abusando, no tomar partido es tomar partido por el abusador.
El silencio nunca es neutral. El silencio siempre beneficia al que tiene el poder para oprimir, porque la víctima lo único que tiene es la voz que el medio le puede prestar. Si el medio se la niega, la entierra dos veces: primero la entierra el corrupto y después la entierra el periodista que se hizo el sordo.
Hemos visto ese silencio en todos los niveles. El funcionario que roba y el medio que no publica porque tiene un contrato de publicidad con su institución. El político que miente y el medio que calla porque es amigo del dueño. El empresario que contamina y el medio que mira para otro lado porque es anunciante. Ese no es periodismo, es complicidad tarifada.











