POR RAQUEL DEMORIZI
Años atrás al hablar de parejas nos referíamos a novios, esposos, amantes, concubinos etc., hoy decimos marinovio, amigo con derecho, compañero sentimental.
Por otro lado, las relaciones fuera del matrimonio eran mantenidas en secreto, había personas viviendo por décadas con su pareja oficial y una amante sin que una se enterara de la existencia de la otra, actualmente todo ha cambiado hasta parece que el hombre hombre se siente orgulloso de tener más de una pareja a la vez mientras que la mujer ha perdido el pudor.
Tanto ha cambiado la sociedad en este sentido que no predomina la ética ni la moral, ni valores ni principios hasta el punto que si un hombre mantiene relación fuera del matrimonio puede la segunda tener los mismos beneficios que la pareja oficial.
Muchos consideran mejor no casarse y vivir la vida loca con la que se le antoje sin ningún tipo de compromiso ni responsabilidad, por la simple razón de que como no hay valores cualesquiera se entrega sin importar las consecuencias ni el daño que resulte de esa acción con el solo precio de vivir el momento.
Lo que si es cierto e invariable es que la infidelidad es un gran problema en las relaciones de parejas y aunque las personas afectadas logran superarlo, es proceso difícil, pues se supone que una relación está cimentada sobre la base de la fidelidad, lealtad y confianza, lo cual garantiza en parte la estabilidad de la relación por lo que, al romperse esta base, superar la infidelidad duele y cuesta mucho.

No estoy hablando en si sobre la infidelidad ya que eso es otro tema, solo trato de hacer un llamado a la reflexión pues la misma constituye una amenaza a la estabilidad familiar, pues la relación de pareja es de dos y uno extra estorba y sobra, por otro lado, dice la Palabra de Dios en el séptimo mandamiento «no cometerás adulterio, pero también dice en el décimo no codiciaras la mujer de tu prójimo” pero no se detiene ahí también dice “cualquiera que mira una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón”.
Esos textos son aplicables a mujer y hombre pues ambos cometen infidelidad o adulterio, y es que todo inicia con un pensamiento y cuando ese pensamiento toma lugar en el corazón se convierte en una sola idea que no mide razones y de ahí al hecho es solo un paso.
Dice Esteban Cañamares Medrano, psicólogo clínico y sexólogo en la ciudad de Madrid en un artículo publicado en el diario digital El Confidencial, no puede haber muchos hombres infieles sino hay al mismo tiempo muchas mujeres infieles, y es más que cierto.
Hay quienes defienden este hecho y no niego que puede haber alguna razón por la cual se den estos casos, pero no es justificación ya que antes de llegar al extremo lo mejor es poner las cartas sobre la mesa y tomar una sabia decisión por el bien personal, por el bien de la pareja y por el bien de la familia en general.
Conocemos muy bien que las parejas no tienen un sello de propiedad, aunque así muchos lo crean, pero, aunque el corazón puede traicionarte en un instante, no te ciegues ante la razón.
Usualmente esos instantes no son más que escapadas en busca de placer. La mayoría no tiene en planes dejar la esposa por una amante con quien solo pasa ratos amenos, tras usarte y babosearte se despedirá con un “yo te llamo”, pues te es prohibido penetrar al santuario de su hogar, y en caso de ser la mujer la infiel tampoco está pensado dejar el marido.
Pronto desearás más de su tiempo para que caliente tu cama, pero su compromiso no es contigo, tiene que irse. Seguirás siendo quien comparte el mismo cuerpo con un rival, que no es tu rival sino su verdadero dueño. Es real y doloroso.
Si estas en una relación similar tantea las ventajas y desventajas en el plano emocional, espiritual y físico pues podrías enfermar por la tensión de vivir dos vidas distintas.
Si ya pusiste todo en la balanza entonces sin titubear tal como harías al desear comer una fruta por jugosa que parezca y sabes cae mal a tu estomago apártala de ti.
¿serás feliz? Eso puedes decidirlo ahora mismo. Aplica este refrán que dice. Ama lo tuyo y respeta lo ajeno, que aquello es miel y esto veneno.













