¿Nueva York sin dominicanos?

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AUTOR: Jhonny Trinidad - Periodista

POR JHONNY TRINIDAD

Hablar de latinos en Nueva York es caer fácil en el error de meter a todos en el mismo saco. Compartimos idioma y raíces, sí, pero los datos del Censo y de CUNY dejan algo claro: los dominicanos escriben una historia distinta a la de puertorriqueños, mexicanos, ecuatorianos y colombianos. Y esa diferencia hoy duele.

TAMAÑO Y CONCENTRACIÓN: SER MUCHOS YA NO GARANTIZA QUEDARSE

Eramos 671,450 dominicanos en 2025, el grupo latino más grande de la ciudad. El 42% vive en El Bronx y 22.3% en Manhattan, atrincherados en Washington Heights e Inwood. Pero ser mayoría ya no significa permanencia. Esa concentración, que antes era fuerza, hoy es vulnerabilidad ante la renta.

Los puertorriqueños, segundo grupo, están más dispersos entre El Bronx, Brooklyn y Queens. Los mexicanos, terceros, crecen en Queens y Brooklyn desde los 90s.

Ecuatorianos y colombianos se adueñaron de Corona, Jackson Heights y Elmhurst. Cada uno con su mapa. El nuestro se está borrando.

DE LA DICTADURA AL DESPLAZAMIENTO

Nuestra migración masiva arrancó en los 60s tras Trujillo, y no se ha detenido: 10,379 dominicanos llegaron a NYC solo entre 2021-2023. Los puertorriqueños, ciudadanos desde 1917, tuvieron su pico entre 1940s-1960s. Los mexicanos llegaron fuerte en los 90s-2000s. Ecuatorianos y colombianos huyendo de crisis en 1980s-2000s.

La diferencia es que la migración dominicana sigue activa, pero la ciudad ya no recibe igual: la entrada a NYC cayó 19% entre 2020-2024. Seguimos llegando, pero también nos estamos yendo.

INGRESO Y EDUCACIÓN

Aquí está el dato que incomoda. Ingreso medio por hogar en 2023:

 

Somos los de menor ingreso y los de mayor deserción escolar: 32.2% sin bachillerato. Duele, pero explica por qué la renta nos golpea más duro. No es falta de trabajo. Es que el trabajo no paga lo suficiente.

DUEÑOS DE LA ESQUINA, PERO NO DEL EDIFICIO

Dominamos las bodegas —operamos más del 70%—, salones, barberías, bases de taxi y home attendants. Somos la economía de barrio que sostiene la ciudad. Los mexicanos levantan edificios y restaurantes. Los ecuatorianos manejan camiones y limpian oficinas. Los colombianos están en banca y bienes raíces. Los puertorriqueños, con llegada más temprana, entraron al sector público y sindicatos.

El problema: nuestro modelo depende de rentas comerciales. Y cuando sube la renta residencial, también sube la del local.

VIVIENDA Y MOVILIDAD: EL ÉXODO SILENCIOSO

El alquiler en Washington Heights/Inwood subió 28% desde 2021. Resultado: entre 2021-2023, cien mil dominicanos dejaron la ciudad rumbo a Pensilvania, Florida, Nueva Jersey y Long Island.

Mientras, mexicanos y ecuatorianos aún crecen dentro de NYC, expandiéndose a Staten Island y Este de Queens. Nosotros no. Nos mudamos porque no podemos pagar. Y eso tiene un costo político.

CIUDADANOS SIN PODER ADQUISITIVO

Los puertorriqueños son ciudadanos por nacimiento. Nosotros, mayoría con residencia o ciudadanía, pero con flujo constante que mantiene una mezcla de estatus. Los mexicanos y ecuatorianos tienen mayor tasa de indocumentados por migración reciente. La ironía: tenemos papeles, pero no tenemos la casa.

POLÍTICA Y REPRESENTACIÓN: PODER QUE SE DESANGRA

Sí, crecimos. Adriano Espaillat llegó al Congreso por NY-13 en 2017. Tenemos concejales y asambleístas. Pero los líderes ya lo advierten: la salida de residentes afecta la representación política en distritos tradicionales.

Los puertorriqueños son la base histórica con Nydia Velázquez y Ritchie Torres. Los mexicanos aún subrepresentados. Nosotros logramos el poder cuando el barrio se nos va de las manos.

EXPORTAMOS MÁS DE LO QUE RETENEMOS

Merengue, bachata, dembow. La Gran Parada Dominicana del Bronx. La “Pequeña RD” en Washington Heights. Enviamos $3,000M+ en remesas anuales. Somos transnacionales por excelencia.

Los puertorriqueños tienen la 5ta Avenida. Los mexicanos, el 5 de Mayo. Los colombianos, Flushing Meadows. Pero ninguno enfrenta el riesgo de perder su territorio físico en NYC como nosotros.

EL LEGADO ESTÁ EN RIESGO

Los dominicanos hicimos de Nueva York una extensión de la isla. Levantamos bodegas cuando nadie quería invertir, cuidamos ancianos cuando nadie más lo hacía, y pusimos la bachata en el Yankee Stadium. Pero los números no mienten: somos los más grandes, los más concentrados y los más vulnerables al desplazamiento.

A diferencia de puertorriqueños, nuestra migración sigue activa. A diferencia de mexicanos, tenemos más tiempo y más poder político. Pero a diferencia de colombianos y ecuatorianos, tenemos menos educación, menos ingreso y menos capacidad de aguantar un aumento de renta.

Si la ciudad no crea vivienda asequible y si no cerramos la brecha educativa, el legado dominicano en Nueva York será historia de museos, no de calles. Porque un pueblo que se va, pierde más que un apartamento: pierde sillas en la mesa donde se decide el futuro.

Nueva York sin dominicanos no es Nueva York. Pero eso  es exactamente lo que estamos construyendo.