POR JHONNY TRINIDAD
Por años, el Desfile Dominicano del Bronx fue una fiesta de identidad. Un día para que la comunidad se apropiara de Grand Concourse con banderas, bachata y orgullo quisqueyano. Era del barrio y para el barrio. Hoy, cada vez más, parece una pasarela para políticos en campaña y figuras que buscan cámara más que comunidad.
PERDIO EL FOCO
Lo que debía ser un homenaje a la diáspora dominicana se ha llenado de carrozas con logos de candidatos, camisetas con eslóganes electorales y “personalidades” que nadie ve el resto del año en El Bronx. Aparecen en agosto, sonríen para la foto, prometen “trabajar por la comunidad” y desaparecen hasta el próximo verano.
Mientras tanto, los verdaderos protagonistas —los bodegueros que dan crédito, las madres que crían solas, los jóvenes que abren camino en la universidad, los pastores que sostienen familias en crisis— quedan relegados a las aceras. Aplaudiendo. Viendo pasar.














