POR JHONNY TRINIDAD
El Colegio Dominicano de Periodistas nació con una misión clara: defender la libertad de expresión, el derecho a la información y la dignidad del ejercicio periodístico. No fue creado para organizar cocteles, entregar carnets o cobrar cuotas mensuales. Fue creado para plantarse frente al poder cuando el poder intenta callar.
Por eso el silencio actual del CDP frente al proyecto que muchos ya califican como “ley de mordaza” no es un simple descuido. Es una omisión grave. Un vacío tan ruidoso que termina pareciéndose peligrosamente a la complicidad.
EL SILENCIO TAMBIEN ES UNA POSICION
En política y en gremialismo, no hablar es hablar. Cuando un colegio profesional guarda silencio ante una amenaza directa a su razón de existir, el mensaje que recibe la sociedad es inequívoco: “esto no nos preocupa” o “esto no nos conviene enfrentar”.
Y sí conviene. Porque ninguna ley que limite, sancione o penalice la publicación de información, la opinión crítica o la investigación periodística puede tomarse a la ligera. No es un tema técnico más. Es el tema fundacional.
El CDP ha sido rápido para salir en defensa de títulos, de espacios en medios estatales o de conflictos laborales internos. Ha sabido movilizarse por beneficios gremiales. Pero cuando se discute una norma que puede llevar a un periodista a tribunales, a multas millonarias o a la cárcel por publicar una verdad incómoda, el colegio baja la cabeza.
Ese contraste hiere. Y deslegitima.














