Policías Pensionados VS Policías Activos : una batalla sin sentido

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Policia Nacional. Operativo Policial. El Nacional/ Jorge Gonzalez

POR FRANK HERNANDEZ

Durante años, decenas de policías pensionados han salido a las calles para reclamar lo que consideran un derecho legítimo: una pensión digna, mejores condiciones de vida y el reconocimiento a décadas de servicio en favor de la seguridad ciudadana.

Sin embargo, lo más doloroso de estas jornadas de protesta no ha sido únicamente la falta de respuestas oficiales, sino el hecho de que, en ocasiones, quienes intentan dispersarlos son policías activos.

Debemos de entender que el cuerpo del orden obedecen órdenes, disciplina, cuidar hasta de su propios intereses, pero no es la manera, la policía es una organización comprometida con la ciudadanía.

La imagen resulta difícil de ignorar: hombres y mujeres que dedicaron su juventud a proteger a la sociedad terminan siendo empujados, contenidos o enfrentados por agentes que hoy ocupan el lugar que ellos ocuparon durante décadas.

 Es una escena que refleja una profunda contradicción institucional y humana.

Lo grave del asunto es que luego esos mismos policías activos, mañana van a reclamar sus derechos.

Desde una perspectiva humana, el conflicto no debería verse como un enfrentamiento entre policías pensionados y policías activos. Ambos pertenecen a la misma familia institucional.

AUTOR Frank Hernández – Sociólogo

La diferencia es que unos representan el presente de la institución y los otros su pasado, un pasado construido con años de sacrificios, largas jornadas de trabajo, riesgos permanentes y, en muchos casos, con secuelas físicas y emocionales que permanecen después del retiro.

Paradójicamente, muchos policías activos no parecen comprender que las reivindicaciones de los pensionados también podrían beneficiarlos en el futuro.

Todo derecho conquistado por quienes ya se retiraron puede convertirse mañana en una garantía para quienes hoy continúan prestando servicio.

La falta de solidaridad entre generaciones termina favoreciendo únicamente el estancamiento de las demandas.

Mientras unos reclaman y otros contienen las protestas, el problema de fondo permanece sin resolverse.

Ninguna institución puede fortalecer su moral si quienes entregaron su vida al servicio público sienten que fueron olvidados al momento de retirarse.

 La dignidad no debería terminar cuando se entrega el arma o el uniforme.

Al contrario, el retiro debería ser la etapa en la que el Estado demuestra gratitud por los años de entrega.

El país necesita comprender que la situación de los policías pensionados no es solo un asunto económico. Se trata de justicia, reconocimiento y respeto hacia quienes dedicaron gran parte de su vida a proteger a la ciudadanía.

Más que escenas de confrontación entre policías activos y pensionados, la sociedad espera ver diálogo, empatía y soluciones. Porque detrás de cada uniforme retirado hay un ser humano que también merece envejecer con dignidad.

Al final, el uniforme puede cambiar de generación, pero el compromiso con la justicia y la solidaridad debe permanecer. Hoy son los pensionados quienes levantan la voz; mañana podrían ser los mismos agentes activos quienes necesiten que alguien defienda esos mismos derechos.