Los Mina: símbolo de libertad y espejo de la segregación colonial

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Por Roberto Veras
 
SANTO DOMINGO, RD.- En los tiempos de la colonia, la evangelización era una herramienta del dominio, una justificación espiritual para la ocupación y el control. Los españoles, bajo la cruz, querían llevar la fe católica a todos los rincones de la isla.
 
Pero su evangelización no era inclusiva, ni mucho menos igualitaria. A los negros libertos muchos de ellos provenientes desde Haití se les negaban el acceso a los templos principales, no por falta de fe, sino por prejuicios profundamente arraigados.
 
El hedor de la discriminación se camuflaba con argumentos superficiales: “los olores” de los negros, decían. Esa fue la excusa para no permitirles compartir banco en la Catedral Primada de América. Fue así como, lejos del centro, los relegaron al este del río Ozama. En esa periferia nació lo que hoy conocemos como Los Mina, nombre que guarda en su memoria una historia de exclusión, pero también de resistencia.
 
Los negros libertos que se asentaron allí no solo fueron testigos del rechazo, sino arquitectos de una nueva posibilidad. Allí se les construyó una humilde ermita, conocida como la Ermita de los Negros Mina, un gesto que, aunque tuvo apariencia de inclusión religiosa, era también una reafirmación de la segregación impuesta por los colonizadores.
 
Y sin embargo, aquel rincón excluido se convirtió con el tiempo en símbolo de libertad. Fue espacio de encuentro, de fe, de cultura afrodescendiente, y de dignidad rescatada. Los Mina no fue solo el resultado de una marginación, sino también el nacimiento de una identidad colectiva forjada al margen del poder colonial.
 
Hoy, siglos después, Los Mina sigue siendo una comunidad viva, con raíces profundas, orgullosa de su historia. Pero no debemos olvidar que su origen nos recuerda que la evangelización, bajo el yugo de la colonia, muchas veces fue un disfraz para encubrir el racismo y la exclusión.
 
Recordar esta historia no es solo un ejercicio de memoria, es un acto de justicia. Porque entender cómo se construyó la ciudad, y quiénes fueron empujados fuera de sus muros, nos permite comprender mejor nuestras propias estructuras sociales y desigualdades actuales.
 
Los Mina es símbolo de libertad, sí. Pero también es espejo de una verdad incómoda: la colonización evangelizó, pero también dividió.