Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.- El ciclón San Zenón fue uno de los fenómenos naturales más devastadores que ha golpeado la República Dominicana en toda su historia. El 3 de septiembre de 1930, la furia de este huracán azotó de manera implacable la ciudad de Santo Domingo y gran parte del territorio nacional. Con vientos que superaban los 240 kilómetros por hora y el ojo del ciclón pasando directamente sobre la capital, las consecuencias fueron catastróficas.
El saldo humano fue trágico: miles de personas perdieron la vida y decenas de miles quedaron sin hogar. La ciudad, que en aquel entonces era mucho más pequeña en infraestructura y población que en la actualidad, fue prácticamente arrasada. Edificaciones enteras colapsaron, los techos salieron volando y la comunicación quedó interrumpida.
Santo Domingo quedó reducida a ruinas en apenas unas horas. Las calles se llenaron de escombros y cadáveres, mientras el dolor y la desesperación dominaban el panorama. La magnitud del desastre era tal que los sobrevivientes apenas encontraban recursos para atender a los heridos o enterrar a los fallecidos.

El ciclón ocurrió apenas 17 días después de que Rafael Leónidas Trujillo asumiera la presidencia de la República. En medio del dolor colectivo, la catástrofe representó una oportunidad para que el recién instaurado gobernante se proyectara como un líder fuerte y organizado ante la crisis.
Trujillo, consciente del momento, tomó el control absoluto de las operaciones de rescate y reconstrucción. Dirigió personalmente la distribución de víveres, organizó brigadas de limpieza y movilizó a los militares en las labores de socorro. Su figura empezó a consolidarse no solo como presidente, sino como el “salvador” en medio de la tragedia.
El apoyo que recibió de la población fue inmediato, pues en medio de la devastación, cualquier acción organizada representaba alivio. La gente comenzó a ver en Trujillo un hombre capaz de enfrentar emergencias, y ese respaldo le permitió afianzar su poder en los primeros meses de su régimen.
Los Estados Unidos, que observaban con atención el impacto del ciclón, también vieron en Trujillo un organizador eficaz. Esto reforzó su posición en el ámbito internacional, pues recibió apoyo diplomático y logístico que lo consolidó como el interlocutor válido del país frente al mundo.
El ciclón San Zenón, por lo tanto, no solo fue una tragedia natural, sino también un evento que influyó en la historia política dominicana. La catástrofe sirvió como un trampolín que aceleró la consolidación del régimen trujillista, que se prolongaría por más de tres décadas.
Hoy, al recordar el ciclón San Zenón, no solo se evocan las ruinas y el dolor que dejó en Santo Domingo, sino también el impacto que tuvo en el devenir de la nación. Fue un desastre natural que se convirtió en un punto de inflexión histórico, donde la naturaleza y la política se entrelazaron de manera dramática.













