Memorias del río: la vida rural y el esfuerzo de Ercilia Minaya  “Mamá Cirilo”

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Mamá Cirilo
Por Roberto Veras
 
SANTO DOMINGO, RD.- Hace alrededor de 60 años, la vida en el campo dominicano estaba marcada por la sencillez y la carencia de muchas de las comodidades que hoy consideramos indispensables. Entre esas carencias estaba la lavadora, un electrodoméstico que aún no formaba parte de los hogares rurales.
 
Por eso, el lavado de la ropa se hacía a la orilla de los ríos, donde las mujeres, con gran esfuerzo y paciencia, golpeaban las prendas sobre piedras lisas, las enjabonaban con productos artesanales y las enjuagaban con el agua fresca que corría sin cesar.
 
Era una tarea dura y agotadora, pero también se convertía en un espacio de convivencia comunitaria, ya que muchas familias coincidían allí en medio de conversaciones y risas, compartiendo historias y experiencias de la vida cotidiana.
 
Mi abuela, conocida cariñosamente como Mamá Cirilo, formaba parte de esa realidad. Como toda mujer humilde del campo, no escapaba a esa forma de vida que demandaba sacrificio físico, pero también transmitía valores de trabajo, disciplina y dignidad.
 
Su figura, inclinada sobre la corriente del río mientras restregaba la ropa, es símbolo de una generación de mujeres que, con sus manos fuertes y llenas de determinación, lograron sostener a sus familias sin quejarse de la dureza de la faena.
 
Para ella, más que un deber, el acto de lavar se convertía en una rutina que fortalecía los lazos familiares, pues enseñaba a sus hijos y nietos que cada esfuerzo tenía un valor y que la limpieza también era una forma de respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
 
Esa manera de vivir, aunque difícil, dejó una huella imborrable en quienes la experimentaron. Hoy, al recordar a Mamá Cirilo y aquella época en que los ríos eran lavaderos comunitarios, se entiende mejor el contraste con la comodidad actual de apretar un botón en una máquina para obtener ropa limpia en cuestión de minutos.
 
La memoria de esas jornadas en el río nos conecta con un tiempo en el que la vida rural estaba impregnada de sacrificio, pero también de unión, solidaridad y resistencia.
 
En cada prenda lavada a mano se tejía una historia de amor y esfuerzo, una herencia que, aunque ya no se practique del mismo modo, sigue viva en la memoria familiar como ejemplo de fortaleza y humildad.