POR JHONNY TRINIDAD
Cuando el Ministerio de Educación de la República Dominicana (Minerd) y el Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) se sientan en la misma mesa para “revisar” los libros de historia, el país debería encender todas las alarmas. No porque el sector privado no tenga derecho a opinar sobre educación. Sino porque la historia no se negocia en juntas de directores ni se edita para que quede “amigable” con los intereses de turno.
Lo que hoy se vende como “actualización curricular” y “alianza público-privada por la calidad educativa” es, en el fondo, un pacto silencioso para maquillar el pasado. El Minerd pone la firma institucional y el CONEP pone la agenda. El resultado: una narrativa cómoda, sin aristas, donde las luchas sociales desaparecen, los monopolios nunca existieron y los “grandes aportes del empresariado al desarrollo nacional” ocupan capítulos enteros.
LA HISTORIA NO ES UN BROCHURE CORPORATIVO
El problema no es que se incluya al sector privado en la conversación educativa. El problema es el contenido. ¿Qué capítulos incomodan? La huelga de los obreros de La Romana en 1916. El papel de las empresas azucareras en la ocupación de 1965. La matanza de Palma Sola. La deuda externa y quién se benefició de ella. Las exenciones fiscales eternas. Todo eso empieza a diluirse con eufemismos: “conflictos laborales”, “periodos de inestabilidad”, “procesos de ajuste”.














