POR JHONNY TRINIDAD
Si hay un negocio redondo en la política dominicana, no es una banca, no es una estación de gasolina, no es una constructora. Es un consulado. Y si es el de Nueva York, es la gallina de los huevos de oro.
Cada día, de lunes a sábado, cientos de dominicanos hacen fila en el 1501 de Broadway para pagar. Pagan por todo. Por un pasaporte, por una carta, por un poder, por una traducción, por una autorización para que su madre cobre su pensión. Pagan en dólares, en efectivo o en money order, sin recibo claro muchas veces, sin explicación del costo.
Y nadie, absolutamente nadie, sabe con certeza dónde termina ese dinero.
LA MÁQUINA DE HACER DINERO MÁS EFICIENTE DEL ESTADO
Vamos a los números, porque los números no mienten, aunque los cónsules sí.
En apenas cuatro meses, de agosto a diciembre de 2020, el consulado de Nueva York emitió 24,435 pasaportes, lo que representó ingresos de aproximadamente 3.3 millones de dólares. Haga usted el cálculo anual. Solo en pasaportes, un consulado pequeño en términos de territorio recauda entre 8 y 12 millones de dólares al año.
Si lo calculamos a 135 dólares por pasaporte, esa emisión de cuatro meses tuvo un valor total de US$3,298,725. Y eso es solo pasaportes. Súmele poderes a 100 dólares, cartas de ruta, traducciones, actos notariales, visados a extranjeros, certificaciones. Súmele los otros 50 consulados del mundo. Boston, Miami, Madrid, Barcelona, San Juan.
Estamos hablando de que la red consular dominicana recauda más de 100 millones de dólares al año. En efectivo. De los bolsillos de la diáspora más golpeada.
Desde hace años circula en la comunidad un dato que nadie ha desmentido: un cónsul que dura dos años en el puesto puede salir de allí millonario. ¿Cómo es posible si tienen un salario fijo? Porque el sistema está diseñado para eso.











