POR JHONNY TRINIDAD
Cuando un dominicano cruza el Atlántico o el Canal de la Mona, no está dejando la casa. Está extendiendo la casa. La diáspora no es un anexo ni un pariente lejano que llega en diciembre con maletas llenas de regalos. Es una habitación más de esta familia llamada República Dominicana. Y ya es hora de tratarla como tal.
En 2025 la diáspora envió más de 10,000 millones de dólares en remesas. Eso es el doble del turismo, el triple de la zona franca. Son los que pagan la medicina de la abuela, la universidad del sobrino y el block para levantar la segunda planta. Cuando la pandemia cerró hoteles y aeropuertos, fueron las remesas las que mantuvieron encendida la luz del colmado. Si eso no es ser parte de la casa, ¿qué es?
LA CULTURA VIAJA EN SU MALETA
El merengue no se globalizó desde una oficina de turismo. Se globalizó desde el Bronx, desde Lawrence, desde Madrid. La bachata entró a Billboard porque la cantaron los hijos de los que se fueron. El mangú del domingo en Boston sabe igual que en San Juan de la Maguana porque quien lo cocina aprendió de su mamá, no de YouTube. La diáspora no “consume” dominicanidad. La produce, la actualiza y la exporta.
LA POLITICA TAMBIEN ES SUYA














