Encarecimiento de la vida EU y Europa disparan deseo de retorno

0
46

POR JHONNY TRINIDAD

El sueño de emigrar siempre tuvo dos partes: la partida y la promesa. La partida es el sacrificio inicial. La promesa es que afuera se vive mejor, se gana más y se puede enviar algo a casa. Esa ecuación sostuvo por décadas la migración dominicana hacia Estados Unidos y Europa. Pero en los últimos tres años la ecuación se rompió.

El encarecimiento de la vida en Nueva York, Madrid, Boston y otras ciudades donde se concentra la diáspora dominicana ya no es un titular de periódico. Es el recibo de la luz, la renta que subió 30%, el “menu del día” que pasó de 12 a 18 euros. Es la matemática simple que hoy hacen miles de familias: trabajo más horas, gano en dólares o euros, pero me queda menos que antes.

LA FACTURA LLEGO A LA DIASPORA 

Vivir en EE.UU. y Europa se volvió más caro, no solo para el migrante. La inflación post-pandemia, el aumento de rentas, seguros de salud y educación golpearon a todos. Pero al migrante lo golpea doble.

Primero, porque muchos trabajan en sectores de servicios, construcción o delivery donde los salarios subieron, sí, pero no al ritmo de la renta. En El Bronx o en Usera, un apartamento de 2 habitaciones que costaba 1,400 dólares en 2020 hoy ronda los 2,100. Eso es un sueldo completo de alguien que limpia oficinas.

Segundo, porque el migrante sostiene dos economías. Paga su renta en dólares y envía remesas en pesos. Cuando el costo de vida sube afuera, la remesa se contrae. Y cuando el dólar baja frente al peso, como ocurrió gran parte de 2024 y 2025, el dinero que llega a República Dominicana rinde menos.

La combinación es veneno para la promesa migratoria. Trabajar 60 horas semanales para apenas cubrir gastos y mandar 100 dólares al mes no es el plan que se firmó al cruzar el charco.

AUTOR: Jhonny Trinidad – Periodista

EUROPA TAMPOCO ES EL REFUGIO DE ANTES

España, Italia y Alemania recibieron oleadas de dominicanos buscando estabilidad. Madrid y Barcelona ofrecían algo que Nueva York ya no da: proximidad cultural, idioma y un costo de vida relativamente bajo.

Eso cambió. El alquiler en Madrid subió 22% entre 2021 y 2025. La luz y el gas se dispararon con la crisis energética europea. Los empleos precarios, sin contrato, sin seguridad social, abundan.

Para el dominicano que llegó a España huyendo de la informalidad en República Dominicana, encontrarse con “falsos autónomos” y pisos compartidos por 400 euros la habitación es un déjà vu. Solo que ahora el déjà vu se paga en euros.

EL RETORNO DEJA DE SER DERROTA PARA SER ESTRATEGIA 

Por décadas, “volver a República Dominicana” se leyó como fracaso. Era el que “no pudo allá”. Hoy esa narrativa cambia. Volver se lee como recálculo.

En Santo Domingo, Santiago y Punta Cana hay un ecosistema nuevo: zonas francas tecnológicas, turismo de salud, emprendimiento digital, negocios que venden a la diáspora desde República Dominicana. Un programador en Gazcue puede cobrarle a un cliente de Miami. Una diseñadora en Baní puede vender por Etsy. El internet mató la geografía del trabajo.

A eso súmale algo que el dinero no compra: tiempo. Tiempo con los hijos, con los padres envejeciendo, con la comida de la esquina, con el ruido del colmado a las 7:00 de la noche. En EE.UU. y Europa el migrante gana dinero pero alquila su vida. En República Dominicana recupera el control de su tiempo, aunque gane menos en papel.

EL RETORNO NO ES PARA TODOS

Hablar de retorno no es romantizar República Dominicana. Volver implica retos reales: informalidad laboral, burocracia, inseguridad, sistema de salud con huecos. No todo el que quiere volver puede. El que tiene hijos en high school en Nueva Jersey, hipoteca y crédito construido en 15 años, no va a desarmar todo por una nostalgia.

Pero sí hay un perfil que hoy mira República Dominicana con otros ojos: el que llegó hace 5-8 años, no tiene raíces profundas allá, trabaja remoto o tiene un oficio que puede ejercer desde aquí. El que hizo capital inicial afuera y quiere invertirlo donde su dinero rinda más. Para ese perfil, el retorno es aritmética, no emoción.

RD TIENE QUE ESTAR LISTA PARA RECIBIR

Si el deseo de retorno se dispara, la pregunta es si el país está preparado. Y la respuesta es: a medias.

República Dominicana ha avanzado. Programas como “República Dominicana Crece Contigo”, ventanillas de retorno en consulados y exenciones para traer ajuares ayudan. La inversión extranjera directa crece. Pero falta más: convalidación rápida de títulos, crédito para emprendedores retornados, vivienda asequible, seguridad ciudadana.

Recibir a la diáspora que vuelve no es un acto de caridad. Es inversión. Es traer gente con experiencia, contactos, dólares ahorrados y mentalidad global. Es traer a quienes ya pagaron el “impuesto de aprender afuera”.

LA MIGRACION CIRCULAR

El encarecimiento de la vida en EE.UU. y Europa no va a cerrar las puertas del mundo. Pero sí está reescribiendo el contrato migratorio. El modelo de “irse para no volver” pierde fuerza. El modelo que gana es el circular: se va, se aprende, se capitaliza, se vuelve, se invierte.

Los dominicanos siempre han sido expertos en moverse. Primero dentro de la isla, luego a Nueva York, luego a España, luego de vuelta a Santiago con dólares en el bolsillo. Esa capacidad de adaptación es el verdadero activo de la diáspora.

Hoy el deseo de retorno no nace de la derrota. Nace de la cuenta. Y cuando la cuenta no cuadra allá, el corazón empieza a hacer números aquí.

Quizás esta sea la generación que entienda que emigrar no es una línea recta. Es un círculo. Y que volver a casa, con lo aprendido bajo el brazo, no es retroceder. Es avanzar con otra moneda: la de la experiencia.